Durante los primeros años, el cerebro de las personas se está modelando, por tanto, la prevención y el aprendizaje va a ser crucial. Además del papel de las familias y la voluntad de los pequeños es decisiva.
La atención temprana beneficia mucho a los más pequeños. Estimula, pero también compensa en todo tipo de habilidades cognitivas, motoras, sociales, emocionales…
- Fomenta la autonomía personal del niño o niña; por consiguiente, favorece su autoestima.
- Incrementa las relaciones sociales, ya que se trabajan las emociones o la adaptación al entorno (desde la acción de compartir, a la empatía; pasando por aprender a trabajar en equipo).
- Trabaja la psicomotricidad: tanto la motricidad fina (coordinación dedo-ojo) como la motricidad gruesa (acciones como saltar, bailar, correr…).
- Propician la creatividad, la imaginación, la memoria, la concentración…
- Ayuda en el lenguaje, en la articulación del habla; pero también en la adquisición de nuevas palabras o construcciones de frases.
De esta forma, impulsar la atención temprana es de lo más beneficioso. Un diagnóstico a tiempo es decisivo para el niño o niña para evitar complicaciones, a posteriori. Por lo tanto, unos profesionales formados en este ámbito son importantísimos durante este proceso.
"Solo quien ama vuela"
Miguel Hernández